ATIS TIRMA

"Corrían los tiempos en que los castellanos, provenientes de la península Ibérica, estaban ultimando la conquista de Gran Canaria. Se sucedían batallas en las que morían castellanos e isleños de uno y otro lado.

Los rebeldes isleños eran alentados y guiados por dos temibles jefes, el viejo Faycán de Telde, llamado Tazarte y el joven y valiente Bentejuí, saltando de risco en risco y pasando de montaña en montaña, esquivaban la persecución del ejército castellano.

Estos valientes isleños, se fueron a refugiar en el monte sagrado de Ansite, y como la llamada, fortaleza de Ansite era agria y de difícil entrada, les sitiaron y decidieron rendirles por hambre.

Poco a poco los isleños fueron haciendo acto de sumisión, más en lo alto del roque, quedaban dos hombres que se negaban a entregarse: eran Tazarte, el Faycán de Telde y el bravo Bentejuí.

Ambos se miraron un momento, sin hablar, sin romper el quieto y espeso silencia que los rodeaba. Se abrazaron, y al grito de ¡Atis Tirma!, se precipitaron por la gran fuga del risco".

Una parte menos conocida de esta leyenda ocurrió tras el momento en el que estos dos valerosos aborígenes se arrojaran al vacío, dos mujeres les siguieron prefiriendo la muerte antes que la deshonra de ver a su pueblo sometido.

Como se puede ver a lo largo de la historia, en toda cultura o civilización la mujer, ha sido siempre la encargada de proteger la tradición y alentar a los hombres para que afronten con valor su deber.

Y si antes mencionábamos el valor y presencia de ánimo de los guerreros guanches, también la mujer aborigen canaria pasó a la historia rodeada de un halo de misterio y admiración, pues por una parte en su faceta mística, las Harimaguadas o sacerdotisas, desaparecieron sin dejar constancia de cuales eran sus rituales o ceremonias, y por otro lado en su faceta más común como madres, hijas, hermanas o esposas, actuaron siempre con fuerza, valor y dulzura.
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